Replanteando la formación de psicólogos :un análisis de problemas y algunas alternativas de solución

Reconsidering psychologists’ education:
an analysis of problems and some solving alternatives

 

Silvia Macotela
Universidad Nacional Autónoma de México1

 

Resumen

La última década se ha caracterizado por el surgimiento de diversas iniciativas en las instituciones de educación superior tendientes a desarrollar mejores pro-gramas de formación profesional. En este contexto, son numerosas las experien-cias de modificación y adecuación de los planes de estudio correspondientes a la carrera de Psicología. A pesar de los avances logrados, persisten un conjun-to de problemas que impiden que los propósitos perseguidos se logren. En el pre-sente trabajo se analizan algunos de estos problemas, considerándolos como errores que deben superarse para llegar formación efectiva y eficaz de profe-sionales; entre otros, las interpretaciones equivocadas respecto de las motiva-ciones para elegir la carrera, las confusiones con respecto a lo que es y no es una profesión, y las limitantes de los modelos lineales de formación. Finalmente, se defiende la noción del practicante científico, el papel central del docente-profesionista y los modelos interactivos de formación para el ejercicio competente y competitivo. 

Indicadores: Formación profesional; Papel del profesor; Modelos interactivos; Ejercicio profesional.

ABSTRACT

The last decade has been characterized by the emergence of several initiatives in high education institutions for the development of better formative professio-nal programs. In this sense, there are numerous experiences of modification and adjustment of the professional curricula in Psychology. Despite of the improvements achieved, the problems persist which impedes to reach the pre-tended goals. In this paper some of those problems are reviewed and are con-sidered as mistakes that must be corrected to achieve an effective educational development of professionals. For instance, the erroneous interpretations concerning the motivations to choose a career, the confusions about the pro-fession, and the handicaps of the formative lineal models should be reviewed. Finally, the notion of practitioner-scientist, the central role of teacher-professional, and the need of developing interactive models for a competent and competitive exercise are supported. 

Keywords: Professional formation; Teachers’ role; Interactive models; Professional exercise.


Facultad de Psicología, Av. Universidad 3004, Col. Copilco-Universidad, Del. Coyoacán, 04510

México, D.F., México, tel. 55-56-22-23-12, correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.. Artículo recibido el 15 de junio y aceptado el 21 de octubre de 2006.

 

INTRODUCCIÓN

Antes de proceder al análisis de los diversos problemas que se plantean sobre la formación de los psicólogos, es necesario partir de un conjunto de supuestos:

  • La mayor parte de los estudiantes que deciden estudiar la carrera de psicología lo hacen con la intención de ejercer la profesión en alguno de sus ámbitos de aplicación y no la de dedicarse a la investigación o a la docencia en la disciplina; 2) Ingresan con el propósito de adquirir los conocimientos y las habilidades que les permitirán trabajar como psicólogos.
  • Frente a los fenómenos sociales que cambian con vertiginosa rapidez, la necesidad pública de profesionales competentes en la disciplina psicológica es cada vez más urgente y más extendida. Los usuarios de los servicios profesionales de los psicólogos asumen que los egresados de los programas de formación están capacitados para desarrollar un ejercicio profesional competente y ético, pues las instituciones de educación superior que se encargan de formar profesionales han asumido el compromiso de formar profesionales competentes capaces de contribuir a la solución de los diversos problemas que afectan a la población. Este compromiso se concreta en asegurar que los alumnos adquirirán los conocimientos y habilidades necesarios.
  • Para la formación de profesionales competentes se requiere de formadores con amplia experiencia profesional que puedan transmitirla a sus estudiantes de manera directa, fungiendo como modelos a seguir, pero también se requiere que tengan amplia experiencia en las tareas de investigación para vincularla con su experiencia profesional a través de la enseñanza. 
  • La formación de profesionales competentes exige el trabajo en escenarios auténticos bajo supervisión experta; es decir, sólo en situaciones reales puede formarse a los futuros profesionales a fin de que, en efecto, la formación ofrezca la posibilidad de una inserción fluida en el mercado laboral. Cuando se trabaja en escenarios reales mediante proyectos formales en los que simultáneamente se desarrollen habilidades profesionales y se realice investigación en dichas situaciones, se contribuye a difundir el campo de acción del psicólogo y a crear la necesidad de su participación.
  • En el último análisis, el impacto de la psicología se determina en función de qué tanto la sociedad en su conjunto y las instituciones en lo particular muestran su aceptación a proyectos de formación, de investigación o simultáneos y de qué tanto se amplía la oferta laboral para los egresados de la carrera.

A lo largo de este trabajo se irán retomando estos supuestos, enlazán-dolos con el análisis de los problemas y con las alternativas de solución que habrán de plantearse. Pero antes es importante presentar algunas reflexiones respecto de la psicología como profesión.  

La psicología ha tenido más dificultades que la mayoría de las disciplinas para definirse como profesión. En la tradición académica más ortodoxa, el trabajo profesional con frecuencia no resulta ser motivo de orgullo; por el contrario, se considera una labor poco elegante y más bien el último recurso para quienes no lograron ubicarse como parte del ámbito docente o de investigación. Esto ha ocasionado confusiones en las instituciones de educación superior que ofrecen la carrera de psicología, ya que para muchos de los que ahí laboran el enseñar psicología implica únicamente analizar numerosos textos y materiales que abordan la dimensión teórica y empírica de la disciplina. En esta perspectiva de enseñanza, el interés radicó durante mucho tiempo en la elección de los textos idóneos y muchas veces en la determinación de las asignaturas en función de los índices de dichos textos. Es claro que tal aproximación mantiene el academicismo de tipo enciclopédico. No obstante, esa visión poco tiene que ver con las aplicaciones que se derivan del conocimiento acumulado a lo largo de décadas en la disciplina psicológica. En consecuencia, para los alumnos resulta desconcertante cursar asignaturas que no reflejan sus expectativas al ingresar a la carrera.

En esencia, pareciera que en este escenario ejercer la psicología es más un motivo de pena que un logro.  

De acuerdo con Peterson (1997), la psicología comenzó su evolu-ción y crecimiento sobre la base de la filosofía. Más adelante, marcó su independencia como ciencia natural, y posteriormente desarrolló sus primeras aplicaciones como una ciencia-profesión. Esta evolución ha requerido replantear su definición de identidad, lo que no le ha sido demandado a otras disciplinas, como la medicina (interesada en mejorar la salud humana) o el derecho (centrado en la aplicación humana in-mediata de los códigos legales).  

Actualmente, la psicología parece estar ingresando en un nuevo momento en su evolución. Si bien continúa desarrollándose como dis-ciplina académica, también ha ido adquiriendo reconocimiento como profesión. Hoy se asumen responsabilidades simultáneas o alternativas en la mayoría de los centros universitarios más conocidos, a saber: formar profesionales y científicos en la disciplina.

Conviene en este momento detenernos a averiguar lo que es y no una profesión. 

Primero consideremos lo que no es una profesión:

  • No se trata de una actividad que pueda equipararse a un arte ni a un oficio en que se encuentren implicadas destrezas poco repetibles o comunicables.
  • Tampoco se basa en las intuiciones personales del practicante, de manera que no se puedan ubicar regularidades en su actuación.
  • Mucho menos se refiere a la aplicación mecánica de técnicas inva-riantes ni de recetas que se empleen de forma rutinaria a todo tipo de situaciones.

Ahora véase lo que sí es una profesión. Si ha de servir a las necesida-des de la sociedad y a un gremio particular de referencia, entonces una profesión debe cubrir al menos las siguientes condiciones (Flex-ner, 1985):  

  • Sus objetivos deben ser definidos y prácticos en lo inmediato.
  • Existen conocimientos y técnicas que pueden enseñarse a nuevos miembros de un gremio para el logro de tales objetivos.
  • La aplicación de las técnicas implica una operación intelectual no mecánica en la cual los practicantes utilizan tales técnicas y las adaptan responsablemente a las necesidades de los usuarios.
  • Las técnicas son propias de la disciplina que ampara al gremio y son sustancialmente diferentes de las de otros profesionales.
  • Los miembros de la profesión se aglutinan en torno a organizaciones profesionales que establecen los lineamientos de pertenencia.
  • Las metas de la organización profesional incluyen la defensa de sus miembros y de los usuarios de sus servicios y entrañan un código ético compartido.

Una visión complementaria del concepto de profesión la proporcionan Hickson y Thomas (1969), en la cual ubican cuatro criterios para referirse al concepto: disciplinares, normativos, relacionales y gremiales. 

Los criterios disciplinares tienen que ver con el cuerpo de conocimientos que subyace al conjunto de destrezas y habilidades que se despliegan en situaciones particulares y que, en esencia, se organizan en programas de formación o currículos diversos. Los criterios normativos se refieren a los códigos éticos que norman la actuación profesional y que implican necesariamente un alejamiento del beneficio profesional dirigiéndose hacia el ofrecimiento de servicio con un tinte altruista o en beneficio del otro. Por su parte, los criterios relacionales se refieren al conjunto de actividades de interacción del profesional con los usuarios de sus servicios y los intercambios que ocurren, por ejemplo, durante las actividades de evaluación y de intervención. También se refieren a las interacciones del profesional con sus pares y colegas, ya sea para difundir su trabajo en foros especializados o para discutir asuntos relacionados con fenómenos o problemas. Por último, los criterios gremiales se relacionan con las iniciativas de organización de los profesionales en grupos tales como asociaciones y sociedades, que propician tanto el sentido de pertenencia como la defensa y contribución al desarrollo de la profesión.

 

Descargar artículo completo

Mostrar el formulario de comentarios